Gobierno de Mesa hizo desaparecer la medalla presidencial para la asunción de Eduardo Rodríguez en 2005

La Paz, 9 ago (ABI).- La ministra de Comunicación, Gisela López, afirmó el jueves que exmandatarios como Jaime Paz Zamora y Carlos Mesa no tienen moral para querer endilgar al Gobierno la responsabilidad por el robo de la medalla presidencial, que estaba bajo la custodia de la Casa Militar y fue restituida la noche del miércoles al Banco Central de Bolivia tras un intenso operativo policial.
“No hay moral para querer endilgar un hecho coyuntural como el de ayer, censurable, cuestionable por la irresponsabilidad de quienes tenían la custodia de este símbolo. Pero intentar endilgar esa responsabilidad a nuestro presidente (Evo Morales), que ha instruido un castigo ejemplar para que esto no se vuelva a repetir, no es correcto, no es ético, menos de esas personas”, dijo.
Paz Zamora y Mesa, entre otros políticos de la oposición, lanzaron duras críticas contra el Gobierno por el descuido del símbolo patrio, robado el martes por el descuido de un militar que dejó la medalla y la banda presidencial en una mochila sustraída de un vehículo estacionado en una zona de lenocinios.
La norma establece que la Casa Militar tiene a su cargo la custodia de la medalla heredada a Bolivia por el libertador Simón Bolívar cuando sale de las bóvedas del Banco Central para actos oficiales en los que el primer mandatario debe lucir esa joya.
“Es tanto el vació de la oposición política boliviana que solamente está viviendo de momentos como el de ayer para poder hacer política. 12 años que no le proponen a este país otro modelo de país, alternativo al Estado Plurinacional que hemos propuesto y que estamos desarrollando nosotros”, agregó López.
En una entrevista con radio Panamericana, la Ministra de Comunicación recordó que Paz Zamora (1989-1993) pactó con la dictadura para poder gobernar, respecto a su alianza política con el extinto general Hugo Banzer.
“No tiene ninguna moral para referirse a esta coyuntura, él no respetó la historia, no respetó el dolor (…), a las víctimas de su propio partido político solamente por gobernar; entonces, no hay moral para referirse a este tema”, estableció.
López además dijo que en 2005 fueron olvidados el bastón de mando, la banda y la medalla presidencial para el juramento de Eduardo Rodríguez Veltzé a la primera magistratura
Recordó que “hizo mucho ruido cómo el gobierno transitorio de Carlos Mesa (…) hizo desaparecer la medalla, hizo desaparecer los símbolos con los que se unge en una posesión de presidente”, complementó.

El día en que ni la banda ni la medalla aparecieron para la posesión de un Presidente

DIARIO CAMBIO.- El expresidente Carlos Mesa calificó en su cuenta de Twitter como una vergüenza el robo y que ni en las peores dictaduras fue descuidada la seguridad de la medalla presidencial, sin embargo, en el libro El gobierno de las masas (2005), escrito por Irving Alcaraz, exasesor y exministro de Gonzalo Sánchez de Lozada, se narra que fue el propio Mesa quien evitó que la medalla, la banda y el bastón lleguen a Sucre para la imposición del expresidente Eduardo Rodríguez Veltzé, en su afán de aferrarse al poder.

“Después de haber casi destruido a Bolivia, Carlos Mesa, (José Antonio) Galindo y compañía han dejado finalmente el Palacio Quemado. Se han ido —por decirlo con extrema suavidad— de una forma deplorable. Aferrados con uñas y dientes al gobierno, urdiendo hasta el último minuto planes de contingencia para quedarse con él, sin límites éticos de ninguna naturaleza, bebiendo hasta el último trago la dignidad hace rato perdida.

El cerco al Congreso, el uso artero para ese efecto de cooperativistas mineros armados de dinamita —viejos aliados de Mesa desde el ‘Operativo Fonvis’, en el que estuvieron en juego varios millones de dólares (los mismos mineros que habían golpeado a parlamentarios una noche en La Paz)—; la convocatoria presidencial, a través de todos los medios de comunicación, al desacato civil a la Constitución y a las leyes para evitar la sucesión; la huelga de los trabajadores de AASANA justo en el momento preciso; el ¿olvido? De la banda y de la medalla presidenciales que permanecieron en La Paz a pesar de que todo el mundo sabía que la transmisión del mando iba a producirse en Sucre, y, cómo no, el característico afán de protagonismo puesto de manifiesto por Mesa hasta su últimos minutos como presidente, sólo para opacar a su sucesor, Eduardo Rodríguez, son, todos ellos, según criterio generalizado en los círculos de opinión, los componentes de una compleja trama política y sicológica, donde se mezclan el resentimiento, el miedo y la ambición en dosis patológicas.

No han sido maniobras —que por cierto han cobrado un vida— destinadas a evitar sólo la asunción de Hormando Vaca Diez a la presidencia de la República, como quiso hacer creer el Poder Ejecutivo, sino la de todos los hombres de la línea de sucesión constitucional, incluido Eduardo Rodríguez,  mediante el colapso del Congreso y su capitulación frente a los cooperativistas mineros. El plan consistía, según todos los indicios, en impedir que el Congreso se reuniera y aceptara la renuncia planteada por Mesa. Si esto hubiera ocurrido, éste habría podido justificar el retiro de su renuncia y quién sabe si hasta el cierre del Congreso, acciones que había estado considerando, junto a otras igualmente insensatas, casi desde el mismo momento en que había renunciado a la presidencia de la República en uno de sus habituales altibajos anímicos.

Mientras en Sucre los parlamentarios huían y se escondían ante el asedio de los cooperativistas mineros, llegados en camiones desde Oruro, en Santa Cruz, el canciller Ignacio  Siles sostenía una reunión, en un céntrico hotel de esa ciudad, con los enviados especiales de las Naciones Unidas y de los gobiernos de Brasil y Argentina, a los cuales explicaba, según testigos, la imposibilidad de que el Congreso se reuniera en las circunstancias que vivía la República, ni en Sucre ni en ninguna parte, y que, por lo tanto, era imperioso que Mesa retirara su renuncia para llenar el vacío de poder existente. Se ignora lo que le dijeron sus interlocutores sobre este aspecto, pero enterado Siles, al cabo de pocos minutos, de la renuncia de Vaca Díez a la sucesión, el Canciller reaccionó indignado, montando en cólera, como si la actitud del presidente del Congreso no hubiera sido lo que el gobierno, por lo menos aparentemente, buscaba.

El siniestro plan estuvo a un paso de cumplirse. No ocurrió así porque, tal vez, enterados de él, los presidentes de las cámaras legislativas decidieron, a pesar de todo, reunir al Congreso, renunciar a la sucesión y dar viabilidad a la llegada del presidente de la Corte Suprema de Justicia a la jefatura del gobierno.

Existen versiones de fuentes empresariales de que ante la frustración inminente del plan, Mesa habría llamado por teléfono a Eduardo Rodríguez instándole a no aceptar la sucesión si ésta caía en sus manos. Sea esto cierto o no, todos los actos finales del gobierno de Mesa revelan un grado tan alto de desesperación ante el hecho de que el poder se escurría como agua entre las manos, que no se puede descartar nada. Quizás, en el profundo interior del hasta entonces Presidente bullía el sentido certero e irremediable del fracaso que su irreprimible vanidad —una hoguera de vanidad que lo llevó a traicionar a sus amigos y a sí mismo— no podía aceptar. Es posible que en esos momentos pensara que bien valía la pena arrastrarse por el suelo un poco más —total, ya lo había hecho tantas veces— para no irse a su casa cargando sus sueños de grandeza convertidos en polvo. Pero a pesar de todo, así se fue.

Una publicación de La Razón, en junio de 2005, hace referencia que los símbolos presidenciales fueron olvidados.